El siguiente trabajo apunta (desde la perspectiva del mensaje radiofónico) solo a generar algunos ítems de debate y reflexión ante el intento de que nuestra institución educativa, junto a otras ONG, instituciones hermanas y gremiales, de afrontar un Observatorio Local de Medios.
Un observatorio de medios
Desde lo concreto, un observatorio de medios es una “mirada” hacia lo que dicen, muestran y escriben los medios de comunicación social, en un contexto determinado y en un espacio delimitado. Sabedores de que la construcción de los mensajes mediáticos –entre otros- generan modos de pensamiento y de acción, “ver” lo que nos dicen los medios nos acerca, como sociedad, a las formas de pensamiento y hasta de acción de nuestro contexto.
Mas allá de lo lineal que parece este concepto, es obvio que –desde esta perspectiva- la producción del mensaje periodístico estará en directa relación con la propiedad del mismo. Así, en primera instancia, un observatorio de medios deberá conocer la propiedad del medio a analizar.
Esta dinámica suele ser tarea más sencillas en las pequeñas localidades donde la propiedad de los medios de comunicación son todavía conocidas, más se complica a medida que la globalización y las privatizaciones oligopólicas, transformaron a diarios, televisoras y radios en grandes grupos económicos imposibles de individualizar
Aún así, esta sola visión sería incompleta.
Un observatorio de medios por lo tanto deberá además analizar el contenido de sus mensajes desde una mirada científica y académica que no limite su accionar solo a la mera descripción –y muchas veces solitaria y hasta incompleta denuncia panfletaria- sobre la propiedad de la empresa periodística. Por el contrario –y aquí se centrará este trabajo- debe tomar la producción periodística desde la práctica discursiva que se manifieste y, sobre todo, desde las dimensiones (enunciativas, estructurales y referenciales) que este discurso plasme.
La radio
El artículo se va a centrar en algunos enfoques que un observatorio puede llegar a tener en un medio: la radio
Analizar el discurso que por ella se emite nos acerca a nuestro objetivo ¿Qué nos dicen aquellos que hablan por radio?
Otra mirada necesaria para quienes quieran concretar un enfoque interdisciplinario de lo que se dice en la radio puede apuntar a conocer que fuentes usan los emisores.
Una incompleta e irrespetuosa mirada por las fuentes de la mayoría de los programas de radio de nuestro medio nos ubicará en que los programas radiales suelen ir detrás de otros medios. Muchos de los programas de radio que se difunden hoy levantan su información de portales electrónicos o de diarios.
La radio no es un mero difusor de palabras sin sentido acompañado de música sin criterios de selección. No es la radio el medio donde alguien con buena voz lea el diario o prostituya el mensaje. La radio no es el “hijo guacho” del periodismo o de la comunicación, por el contrario, es el medio por excelencia para informar, educar y entretener con sus particularidades.
Será entonces importante investigar a que fuentes recurre el emisor para comunicar la realidad. Cuantificar y cualificar las fuentes marcará no solo una clara intencionalidad política discursiva, sino también profesional de quien emite.
Las fuentes utilizadas –y las no utilizadas- pueden indicar la cosmovisión y la prioridad de realidades que se comunican. Puede ser importante cuantificar que grado de importancia se da a los problemas del lugar, de la región, con respecto a otras más alejadas que no necesariamente hacen al interés coyuntural.
Una primera aproximación a este discurso se concretará percibiendo de qué maneras las personas que están frente a un micrófono construyen - no solo con palabras sino también con sonidos- la realidad o su modo de percibirla y como la ofrecen a sus receptores, o mejor dicho -como sabiamente plantea Prieto Castillo- a sus perceptores.
Pero el trabajo debería apuntar a concepciones más amplias, y, en esta limitación de la mirada hacia lo que se dice se deben romper ciertos prejuicios.
El de reducir –como ya lo hemos dicho- el análisis solo a una cuestión de propiedad del medio es uno de ellos, pero no el único.
Romper con las miradas propias de una conciencia ingenua o mágica (tal como lo plantea el comunicador y sacerdote salesiano Victorino Zecchetto) es otra.
En este caso no reducir solo a “que” se dice sino también a “como” se plantea el discurso amplía y enriquece los enfoques.
Bien sabido es que quien se encuentra frente a un micrófono tiene el desafío de comunicar a otros: ¿Cómo lo hace?, ¿qué palabras elige?, ¿con qué música las acompaña? Son las preguntas que en un primer momento aparecen. Cuestionamientos que deben hacerse en un contexto amplio, abarcativo desde el tópico comunicativo “Cada vez que nos comunicamos queremos decir algo, hacer que otros piensen o sientan algo” (1).
La comunicación se convierte así en un hecho humano amplio y no, como muchos erróneamente la plantean -desde una concepción instrumentalista o mecanicista- un mero proceso de transmisión de mensajes.
Abarcarlo desde esta última posición –lineal- solo implicaria analizar los significados implícitos y explícitos (denotados y connotados), para comprender las intenciones de los emisores y los efectos que estos mensajes produzcan o no, en los perceptores.
En toda comunicación – aún mas en la radio por sus características - se ponen en juego otras dimensiones, tales como los afectos, los gustos, las preferencias, las costumbres, las creencias, etc. De esta manera las imágenes acústicas son mucho más que eso, se transforman en sentidos, en modos de relacionarse, entendiendo al sentido como “un efecto global, un resultado del funcionamiento de todos los elementos que intervienen en un hecho comunicativo” (2).
De esta perspectiva e idea de “sentido” se entiende la preponderancia que posee la elección de lo que se dice para difundir y de lo que se descarta, como fenómeno de organización del mundo discursivo, aunque un mensaje conlleva un conjunto de posibles sentidos:“...un discurso, producido por un emisor determinado en una situación determinada, no produce jamás un efecto y uno solo. Un discurso genera al ser producido en un contexto social dado, lo que podemos llamar campo de efectos posibles. Del análisis de las propiedades de un discurso no podemos nunca deducir cual es el efecto que será en definitiva actualizado en recepción. Lo que ocurrirá, probablemente, es que entre los posibles que forman parte de ese campo, un efecto se producirá en unos receptores y otros en otros, De lo que aquí se trata es de una propiedad fundamental del funcionamiento discursivo, que podemos formular como el principio de la indeterminación relativa del sentido: el sentido no opera según una causalidad lineal” (3).
Como se ve, en todo momento lo que se intenta es romper las miradas mecanicistas, lineales y pragmáticas que limitan, y confunden los análisis discursivos
El discurso
Anteriormente explicitamos que “todo comunica”. Desde este lugar se puede decir también que discurso es “todo lo que se dice”. El discurso será, entonces, un espacio donde sujetos circunstanciales –emisores y perceptores- se relacionan de múltiples maneras buscando aceptación, negación, adhesión, coincidencias o discrepancias donde la competencia de los perceptores será condimento fundamental para que la comunicación se concrete, pero también donde las estrategias comunicacionales pensadas y llevadas a cabo por las emisores favorecerán, ayudarán, concretarán o no este proceso comunicativo.
La radio posee lo que conocemos como “discurso radiofónico”. Así, la radio (el canal en el esquema comunicativo) no es un simple y mero puente de enlace, sino que lo entendemos como un código especial único e irrepetible.
Definido el discurso como componente de la comunicación, es importante también encausarlo en un “aquí” y un “ahora”, lo que se conoce como la temporalidad del discurso, otro de los fenómenos a tener en cuenta y que indicará la relación que el emisor le dé a sus enunciados en el devenir histórico. La temporalidad nos permite analizar la dimensión referencial que se le otorga, o sea, la historicidad que se propone.
Los discursos donde no se reconozca referencia temporal (propios de los mensajes moralistas o pseudo religiosos), discursos que condenan, enjuician, separan, que no apelan a los problemas o circunstancias concretas son, lamentablemente, utilizados por estos días. Son los discursos conocidos como intemporales donde los hechos no pueden ubicarse en un contexto determinado, simplemente porque no se enuncia el contexto.
Analizar y concretar discursos con contextualizaciones históricas, geográficas o sociales (tal como lo plantea Ricardo Haye en sus obras y manuales sobre el saber radiofónico informativo) permite presentar el conflicto en todas sus dimensiones. Por el contrario, descontextualizarlo no solo no permite conocer el conflicto en si mismo, sino que muchas veces ayuda a confundir radicalmente la realidad.
Manuel Martín Salerno en su obra “Teoría Social de la Comunicación” afirma que en los medios masivos de comunicación predomina una visión presentista del acontecer. Esta práctica, siempre según el autor, dificulta la percepción y comprensión de los procesos y diluye el sentido histórico que puede permitir explicar los hechos relacionados no solo con el contexto, sino con sus antecedentes y enlazarlos con sus consecuencias.
Analizar desde una práctica de observatorio de medios la historicidad del discurso nos permitirá saber hasta donde el emisor pretende generar un espacio de conocimiento fiel de los hechos referidos, o por el contrario, cuanto de desinformación posee esa pseudo información. Porque saber quién habla, para quién y para qué será una tarea fundamental en aquellos que desde una mirada interdisciplinaria quieran “observar al medio”.
Mata y Scarafía, en la obra ya mencionada, apelan a diferentes dimensiones desde donde analizar , en la radio, el discurso radiofónico denominando a esas dimensiones como referencial, enunciativa y estructural. O sea, analizar lo que se dice, quienes dicen a quienes y, por último, como se organiza todo esto que se dice en una política de programación mediática.
Imposible es abarcar en este artículo las tres dimensiones que las autoras plantean, sin embargo nos detenemos en una de ellas por su importancia para un trabajo de observatorio.
La dimensión referencial
La semiología distingue entre significado y significante a lo que se percibe por los sentidos y al aspecto conceptual que se da a lo percibido. Equiparar el significado con el referente es un error en el que se suele caer desde la simplificación de la mirada, ya que se obvia lo que se denomina proceso de mediación. Sostener que todos los mensajes son espejos de la realidad, no solo simplifica los enunciados, sino que desconoce la dimensión referencial: el género que se usa para la emisión del discurso y la mediación que siempre se concreta. Sin mediación no hay comunicación.
Planteadas así las cosas, el plano referencial son los hechos que se comunican, lo que se dice que sucedió, para que el plano cognitivo pueda comprender y representarse mentalmente (significante) esos hechos.
Para que este proceso se complete eficazmente, el plano del discurso (el relato de los hechos según una previa representación) mediará entre lo referencial y lo cognitivo. O sea, quien comunica se convierte en el mediador, en quién construye su versión que propone a la masa oyente. Pero si no se analiza la dimensión referencial del discurso correctamente no nos permite acceder a lo real, sino a la realidad, entendiendo a esta última como la visión de alguien (con o sin intereses), intérprete de lo que sucedió.
Por lo dicho podemos concluir afirmando la realidad discursiva estará compuesta por sujetos y hechos. Sujetos que según la particular –y muchas veces interesada mirada - aparecen o desaparecen según la conveniencia de quien emita. En el conflicto docente del mes de septiembre de este año, para encausar lo planteado en un hecho concreto, la realidad discursiva de muchos emisores radiofónicos se posaban solo en las voces oficiales (Ministerio de Educación, Gobierno) o en la voz institucional (Amsafe, Sadop), pero pocas veces en el trabajador de la educación, en el jubilado docente, engranajes fundamentales para entender el reclamo de aquellos días.
Un observatorio deberá tener en cuenta esta dialéctica que se plantea habitualmente en los medios –fundamentalmente en la radio, donde los agentes y protagonistas de los sucesos se confunden o, directamente, se omiten.
¿Falta de producción, de enlace? ¿qué sucede? ¿ingenuidad, desconocimiento o estrategia política?
En estos días suele escucharse frases globalizantes y carentes de sentido. En el ejemplo que nos ocupa del conflicto docente, se repitió hasta el hartazgo “la escuela pública está en crisis”, “alguien tiene que ocuparse de los chicos” “el reclamo es justo, pero los docentes deben volver a la escuela”. En otros casos, las voces también repiten falsos axiomas: “no hay moral”, “se perdieron los valores”, “esto antes no sucedía”.
Desprestigiar los sujetos sociales en generalidades suele provocar un efecto perverso. Cuando a la entidad se la considera sujeto, en realidad no se culpabiliza a nadie ni se busca responsables. ¿Quién remató la escuela pública?, ¿quién la puso en crisis y por qué?, o ¿qué se entiende por valores y por moral y quien los estipula a esos valores para decir que se perdieron?, en ese caso ¿dónde fueron?
Volvemos a las preguntas: ¿Falta de producción, de enlace? ¿qué sucede? ¿ingenuidad, desconocimiento o estrategia política?
Como bien lo relatan Mata y Scadarafía en la obra que ya se ha mencionado: “el análisis de los actores constituye una puerta de entrada a la idea que el emisor tiene acerca del orden social” y como ya se sabe, muchas veces ese orden social es construido por los emisores y multiplicado por los perceptores.
Algo similar suele suceder con los conflictos de corte de calles por parte de desocupados. La producción radiofónica se limita a darle la voz a sectores tales como los automovilistas que no pueden circular o a algún dirigente oficial, opositor, que explique el conflicto, pero pocas veces suele “darse micrófono” a los protagonistas del suceso, a los denominados piqueteros, a los que decidieron cortar la calle y, cuando esto sucede, suele aparecer como una disputa entre el periodista o comunicador y el desocupado en una maniquea forma, no de ver la realidad, sino de construirla.
El periodista Alberto Borda hace muy poco escribió para el diario digital de la Agencia Nacional de Comunicación de la Utpba, un interesante artículo sobre las maneras que medios de comunicación tiene de comunicar los conflictos. En ese trabajo, Borda se pregunta “¿Qué les sucede a nuestros periodistas de los grandes medios que en un corte de ruta le preguntan a los automovilistas qué opinan de los piqueteros y no acerca de las razones de la pobreza?”
El mismo Borda, en su artículo hace una interesante mirada de lo que se dice con intereses concretos al afirmar “las personas de condición humilde en su vestimenta, tez morena, tienen barba, pelo largo o usan aritos son convertidas por los medios en sospechosas de algo, llegando a la conclusión pública de que la delincuencia es sólo de los sectores más desprotegidos de la sociedad, y este concepto termina siendo asumido por muchos “periodistas” que afirman que son causas del delito la pobreza, la deficiente educación, el desempleo, etc.”
El rol que juegan los grandes medios de comunicación, expertos en dividir la noticia, fragmentarla, fraccionarla hasta anular los puentes lógicos, donde los hechos no están vinculados con la historia anterior, es muy claro. Lo muestran todo confuso, todo mezclado. La situación angustiante que viven millones de personas en Latinoamérica y en el mundo se ve influenciada por la dictadura de los medios de comunicación masivos que imponen que la sociedad debe tener un orden y que no se lo puede alterar.”
El extractado de este artículo demuestra lo enunciado con respecto al plano referencial. Queda claro que la realidad discursiva está compuesta por sujetos y hechos, o sea, por lo que se dice y lo que se obvia, lo que se habla y lo que se calla, por las ideas a partir de las cuales se representan esos hechos, por los valores y los modelos que se proponen desde una posición de poder del que habla, proponiendo así una cierta representación de lo real que no necesariamente se relaciona con lo que sucede.
Desde esta mirada focalizadora y moralista, el discurso suele caer en la perspectiva de sanciones, entendiendo a las sanciones como castigos o recompensas que se otorgan como consecuencia de actos que son mirados desde afuera del mismo conflicto.
Detenerse en esta perspectiva permitirá reconstruir un universo ético de un enunciado, comprobar qué sanciones se imponen y en qué casos, y permitirá describir la dinámica propuesta en el discurso, comprender a quiénes se castiga, a quiénes se premia, a quién se lo legitima, por qué y desde dónde.
Poder “pararse”, desde un observatorio de medios desde este lugar de análisis del discurso nos puede permitir conocer la versión de la realidad que el emisor propone a la audiencia y el grado de aceptación que esta tiene en los perceptores y, sobre todo, ver como algunos axiomas –verdaderos o falsos- comienzan a formar parte del inconsciente colectivo de la audiencia, en muchas ocasiones en contra de sus propios intereses.
Ricardo Serruya.
Periodista y Docente.
(1) Mata, María Cristina y Scarafía Silvia ,“Lo que dicen las radios: una propuesta para analizar el discurso radiofónico”, Ed. Aler. Quito, 1993.
(2) Idem.
(3) Veron y Sigal, Perón o muerte. Los fundamentos discursivos del fenómeno peronista. Ed. Legasa. Bs. As, 1968.